Imaginario lotaviano VIII

8.1 Pueblos y caseríos (III)

Valle de Arteda, enclave de Cuatro Caminos / Valle de Tamaimo y vistas de Garachico.
Valle de Arteda, enclave de Cuatro Caminos / Valle de Tamaimo y vistas de Garachico.

 

 

8.1.1     Cuatro caminos

 

 

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      La música estallaba entre las piernas de los bailadores, y, jiribilla, acometía su cuerpo entero con fogonazos de atrevimiento en la larga tarde de verbena; la joven Gloria, sentada en el canapé de la iglesia junto a su madre, permanecía con los muslos juntos y las manos quietas sobre la falda nueva. Escudriñaba en los gestos de quienes bailaban su zafiedad, que temía y despreciaba. La banda, sobre la tarima engalanada con fajos de monte verde, propagaba isas y folías entre las parejas, las extendía contra las fachadas señoriales que circundaban la plaza de San Lorenzo, las ensartaba en los barrotes de sus balconadas de madera, las aupaba hasta la copa de los laureles de indias y las aventaba por todas las esquinas de Cuatro Caminos. Sin embargo, la joven Gloria endurecía su desdén empujándose contra la frialdad de las piedras del banco, lacrando cualquier resquicio por donde la música infiltrara sus sentidos; ignoraba las miradas de su madre, diáfanas de intención, hacia los muchachos que, acodados en los tablones de los ventorrillos o plantados al borde de la plaza, vigilaban a las muchachas. El pueblo de Cuatro Caminos, asentado en el valle septentrional de Arteda, en la isla sur de Lotavia, festejaba a su santo en aquel agosto tórrido de 1950, con regocijos populares y romerías de ofrenda.

 

 

     Incendios, inédito.

 

 

 

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Imaginario lotaviano VII

7.1 Paisajes y accidentes geográficos (II)

Corro de los Volcanes, en Lotavia / Las Cañadas del Teide.
Corro de los Volcanes, en Lotavia / Las Cañadas del Teide.

 

 

7.1.1     Corro de los volcanes

 

 

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     Desde su exacto centro, Leandro Soto contempla el Corro de los Volcanes. Anoche, al descubrir este paraje en un mural del hotel donde se aloja, otro calambre le atravesó el abdomen. Ahora, frente a ellos, comprende que el dolor fue un aviso: estas montañas de morfología tortuosa que abrazan un circo de lavas son un trasunto mineral de sus entrañas dolientes. Desde aquí un desolado malpaís se expande hasta cerrarse en un sistema de lomas superpuestas de las que emergen cinco conos que parecen danzar de la mano y cuyos perfiles desdibuja la calima que asedia el archipiélago. Así pues, el malpaís está aislado; solo lo une al resto del territorio insular la calzada que lo atraviesa y supone la única recta en este paisaje de medallones de lava cordada que se repiten como en un juego de espejos enfrentados y supone, también, la única posibilidad de escapar de esta trampa. Del mismo modo, solo un propósito vincula a Leandro Soto a la vida.

 

 

     Quién como yo, página 1.

 

 

  

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Otras referencias al Corro de los volcanes en: Quién como yo, páginas 40, 369 y 372.

 

 

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Imaginario lotaviano VI

6.1 Paisajes y accidentes geográficos (I)

Acantilados de La Pared / Acantilados en el macizo de Teno.
Acantilados de La Pared / Acantilados en el macizo de Teno.

 

 

6.1.1     La Pared

 

 

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     La isla son dos islas adyacentes, unidas solo por este apretado y altísimo istmo, cuya parte más ancha, cerca de la isla norte, mide dos kilómetros escasos en su cúspide, y la más estrecha, el tramo en que la carretera gira hacia el sur, unos setecientos metros; se desploma sobre el mar desde otros tantos, como una muralla construida por manos humanas, con su apariencia titánica. En sus laderas crece la vegetación propia del archipiélago, con la variedad de especies según la altura y cercanía al mar y orientación geográfica presente en todas las islas montañosas de Canarias y vive la fauna característica, pero ni una sola morada humana se ha radicado en ella, ni siquiera en la época de los habitantes prehispánicos. Los acantilados de La Pared son el símbolo de Lotavia y su silueta aparece en su escudo y en todos los folletos oficiales y de promoción turística.

 

 

     Quién como yo, página 50.

 

 

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   Pocas cosas nos requerían en el pueblo: algunos recuerdos, la pequeña propiedad que nos cuidaba el medianero, un nieto del señor Febles, y un puñado de parientes. Entre ellos los tíos Agustina y Luis, que todavía conservaban las vacas, aunque ahora atendía el ganado uno de mis primos. Así que solo muy de vez en cuando regresábamos al pueblo, sobre todo en el verano, cuando el buen tiempo volvía menos espeluznante el paso de La Pared y lo convertía en la experiencia metafórica del retorno al pasado.

 

 

     Lo que queda en el aire, página 83 (La izquierda de Pacón).

  

 

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   En las calles de San José brilla un sol amable, casi de cuento de hadas, a pesar de esta época otoñal, nubes escasas y transparentes velan apenas las cumbres, por lo que se divisan desde las calles la mole del Pico Fecho troquelada contra el cielo de un azul intenso y los acantilados de La Pared que obturan la inmensidad del universo. 

 

 

     ...En el aire queda, página 113 (Frucho y los zapatos perdidos).

 

 

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Otras referencias a La Pared en: Lo que queda en el aire, página 21; ...En el aire queda, páginas 79 y 81; Quién como yo, página 36, 39 y 371.

 

 

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Imaginario lotaviano V

5.1 Pueblos y caseríos (II)

 Charcas en Puerto Cabirria / Costa del Malpaís del Punta de la Raja.
Charcas en Puerto Cabirria / Costa del Malpaís del Punta de la Raja.

 

 

5.1.1     Puerto Cabirria

 

 

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     Todo, iniciados los setenta, como derivación natural de tanto progreso arquitectónico y odorífero, fue desbancado por hoteles descomunales, al principio en Puerto Cabirria, la villa pesquera del noreste de la isla, donde se explotó un turismo incipiente, pero luego en el sur, en torno a las extensas playas arenosas de los Llanos de Tentiguada, adonde acudían los extranjeros en tropel, así que el señor Lorenso fue uno de los pioneros del turismo de Lotavia y en la actualidad es uno de sus empresarios más cardinales.

 

 

     Lo que queda en el aire, página 59 (Somnífago).

 

 

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   Todo lo que sabía de Puerto Cabirria era su condición de pueblito pesquero reconvertido en urbe turística al norte de Lotavia, y no le suponía ninguna relevancia académica ni cultural y todos parecían tener la misma percepción. Sin embargo, uno de la Universidad de San José que procedía de ese pueblo abordó el asunto de lo apropiado del lugar de celebración; él defendió su patria chica y dijo que por encima de su inmerecida mala fama de bodrio turístico y demás, Puerto Cabirria contaba con un notable acervo cultural, tierra de artistas e historiadores pretéritos y actuales, de naturalistas y músicos y científicos y además era el único paraje del mundo que cobijaba a sirenas auténticas, personajes míticos, literarios, pictóricos, musicales y hasta filosóficos donde los haya.

 

 

     Este fragmento, inédito, pertenece al relato Donde la arena es negra, de próxima publicación.

  

 

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Otras referencias a Puerto Cabirria en: Quién como yo, página 36.

 

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Imaginario lotaviano IV

4.1 San José (II)

 Casas de La Angostura, Lotavia / Vista de las casas de Bajamar, Tenerife.
Casas de La Angostura, Lotavia / Vista de las casas de Bajamar, Tenerife.

 

 

4.1.1     La Angostura

 

 

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     Las viviendas de lujo desalojaron en los años setenta las de los pescadores para asentarse en La Angostura, una franja de terreno empinado entre los imponentes acantilados de La Pared y la ensenada del Conde de Tería; por su aislamiento, fue elegida para erigir esta exclusiva urbanización para cuyo acceso fue preciso perforar un túnel que atravesara los taludes que tiempo atrás solo podían salvar los marineros con sus falúas.

 

 

     Quién como yo, página 39.

 

 

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   Por eso me cuesta mucho dar el primer paso para llegarme hasta aquí, por miedo a las bombas, pero tengo que hacerlo cada día; aprovecho la marea baja para poder salvar a pie por los riscos y el callao los taludes que aíslan esta playa de la ciudad, nunca en falúa, como hacían los antiguos pescadores, ni mucho menos en coche, que ahora se puede, de poco para acá, desde la apertura del túnel que da acceso a esa urbanización de La Angostura, mansiones de ricos en las faldas del acantilado, en alguna de ellas trabajé.

 

 

     Este fragmento, inédito, pertenece al relato El mar en un hueco, de próxima publicación.

  

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